Mujer y exilio

Por: Oyba Valenzuela Andrés

El exilio se puede definir como la expatriación voluntaria o forzosa, por razones generalmente políticas, de una persona. Cabe hablar de personas en el exilio o de Gobiernos en el exilio. El término “exiliada/o” se emplea a veces también con el sentido de “refugiada/o”. La ley de memoria histórica reconoce y declara la injusticia que supuso el exilio de españoles y españolas durante la guerra civil y la dictadura.

Por otra parte, el artículo 9 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos establece que «nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado».

La RAE define el verbo exiliar como “expulsar a alguien de un territorio” o también “expatriarse, generalmente por motivos políticos”.
Por ello, tiene sentido que el término “persona exiliada” se confunda con el de “persona refugiada” o con “expatriada” es importante distinguir entre las figuras utilizadas en el ámbito internacional, asilo, refugio y exilio.

Detrás de cada uno de estos tres supuestos hay una persona que ha tenido que migrar o que se ha visto desplazada del territorio que ocupaba, por lo que cualquiera de estas figuras son medios aptos no sólo para liberarse de sus perseguidores sino para poder gozar, como sujeto de derecho, de las facultades que el Derecho Internacional les reconoce como persona. Es que el denominador común de estos tres fenómenos es la persecución por cuestiones políticas, ideológicas, religiosas, raciales, ambientales, económicas, violencia generalizada, etc. y, como consecuencia de ello, la necesidad justificable y racional del perseguido de encontrar un estado que custodie y proteja sus derechos esenciales, ante la inminente puesta en peligro de ellos por parte de quienes, muchas veces en nombre del gobierno de una nación, pretenden actuar. En definitiva, estamos frente a una migración individual o colectiva de sujetos vulnerables que deciden mudarse desde el territorio de la nación que habitan, hacia otro espacio físico dentro de la comunidad internacional, dejando afectos, bienes, trabajos, historia, familia, etc. Se asocia al asilo con la persecución individual, y al refugio con la colectiva, aunque el límite y la determinación es difusa.

Como se ha expuesto por varias autoras, respecto de los fenómenos migratorios, la migración puede ser voluntaria cuando las personas migran en busca de una vida mejor o para reunirse con sus familiares; o puede ser forzada si la gente es desplazada a causa de los conflictos o por haber sido traficada. A menudo, la decisión de migrar radica entre ambas situaciones y se toma en respuesta a una combinación de presiones ya sea para permanecer en el mismo lugar o mudarse a otro.

Las personas refugiadas proceden de zonas de conflicto y están amenazadas en sus propios países. Son aquellas personas que, debido a fundados temores de ser perseguidas por motivos de raza, religión, nacionalidad, opiniones políticas, pertenencia a determinado grupo social de género o de orientación sexual se encuentran fuera del país de su nacionalidad y no pueden o, a causa de dichos temores, no quieren acogerse a la protección del tal país; o el apátrida que, careciendo de nacionalidad y hallándose fuera del país donde antes tuviera su residencia habitual, por los mismos motivos, no puede o , a causa de dichos temores, no quiere regresar a él.

De hecho, es importante en el lenguaje porque vemos en la actualidad y reiteradamente la acepción o las ayudas humanitarias a los refugiados (masculino) ya excluyendo desde el origen a las mujeres.

Por ello es importante y lógico considerar que hay condiciones inherentes a toda persona y que existen derechos que se poseen de manera natural (vida, salud,). Estos derechos no deberían supeditarse de ninguna manera a la tenencia o no de cierta documentación, la posesión de una autorización administrativa es un hecho circunstancial y coyuntural, porque la dignidad del ser humano es inalienable y perenne, y no debería ser condicionada o limitada por razones circunstanciales de índole política o económica.

También es fundamental tener en cuenta las relaciones de género que juegan un papel fundamental en estas presiones y en las decisiones subsiguientes. Muchas veces, se subestima o menosprecia la naturaleza de género de la migración, con consecuencias imprevistas para las mujeres. A pesar de la “feminización de la migración”, todavía con frecuencia se tiende a tomar a los hombres como la “norma”, ignorando las necesidades, aspiraciones y capacidad para actuar de manera independiente de las mujeres.

Las políticas y las disposiciones normalmente no consideran los papeles y las relaciones entre hombres y mujeres. Aunque los desplazamientos de poblaciones se vienen estudiando-legislando como un proceso de género masculino o neutro, están relacionados con la perspectiva propiamente dicha de género; debido a que mujeres y hombres migran por diferentes razones, usan distintos medios y tienen experiencias muy diferenciadas. A pesar de todo ello las disposiciones relacionadas con la migración no son influidas por el género.

Podemos observar, en estos desplazamientos como se acentúa en el tráfico de mujeres y de los/las menores como una de las consecuencias más brutales de la violencia machista. Por ello, se deberían instar las medidas de protección específicas para las mujeres refugiadas que vienen con sus hijos/as, así como para los menores refugiados no acompañados.

Sin embargo par los efectos del tema que aquí nos ocupa, se distinguen dos subespecies; el exilio externo, la deportación fuera del lugar de residencia, y el exilio interno, ya sea por un forzado reasentamiento en el lugar de residencia o por verse coartada la posibilidad de actuar en el mismo a través de la prohibición de desarrollar sus actividades (generalmente literarias o artísticas) o de manifestar públicamente la disensión respecto al régimen. Aunque más comúnmente utilizado para describir una situación individual, el término se utiliza también para grupos (especialmente los grupos étnicos o nacionales), o para un gobierno entero.

Así, existen expresiones tales como la diáspora de refugiados y el exilio de grupo, tanto voluntario como forzoso.

En España, se considera el exilio por antonomasia al exilio republicano tras la Guerra Civil de 1936-1939.

Por otra parte, el gobierno en el exilio describe un gobierno de un país que se ha visto obligado a trasladarse y defender su legitimidad desde fuera de ese país, como el del Tíbet o el republicano español de posguerra; y también puede darse el caso de naciones en exilio, como Armenia de 1078 a 1375, entre otros.

El exilio también puede ser una salida autoimpuesta de la patria. Autoexilio es a menudo representado como una forma de protesta por la persona que lo reclama, para evitar la persecución o asuntos legales.

Como se puede observar, de lo anteriormente expuesto el tema no solo es de contenido histórico sino tiene plena vigencia y actualidad. Aunque este trabajo nos vamos a referir al exilio republicano de 1939, como cualquier otro exilio político de nuestra historia, entraña complejidades múltiples y variadas. En muchas ocasiones se nos escapan con facilidad, se desvanecen en la búsqueda de grandes historias, pero si hacemos descender nuestro campo de estudio a una escala inferior centrando nuestro análisis en un caso concreto, lo que encontramos nos brinda una imagen más rica, con variables más complejas y también más dinámicas. Esto parece cobrar especial sentido cuando hablamos de las experiencias de las mujeres, aquellas que suelen diluirse en las aguas de los océanos de los grandes relatos, casi siempre masculinos. También resulta muy útil cuando nuestro interés radica en el estudio de un exilio a veces olvidado: el exilio cotidiano, el de los hogares, las familias, las estrategias de supervivencia, etc.

Por ello es especialmente relevante hablar de la vida y obra de María Ascensión Chirivella sabiendo que, tras el estallido de la Guerra Civil, debido a sus muestras de apoyo a la República, tuvo que marchar al exilio y murió en la ciudad de México en el año 1980.

Pero no solo, se quedó en el olvido del exilio mexicano, sino también se estaba quedando en el exilio de la abogacía. Su legado fue eliminado de un plumazo de la historia de España con la llegada de la dictadura, como el legado de muchas mujeres que construyeron este País, porque hasta hace bien poco no era reconocida como la primera mujer en colegiarse para poder ejercer la abogacía, aunque fue una mujer valiente, adelantada a su tiempo y que tuvo que terminar los últimos años de su vida muy lejos de su tierra.

Es la primera abogada que fue la injustamente olvidada. Este honor -de ser la primera abogada, en ejercer- suele concedérsele a la también abogada Victoria Kent, que consiguió ejercer poco tiempo después, pero ciertamente fue María Ascensión fue la primera mujer en colegiarse como abogada.

Es el 12 de enero de 1922, poco tiempo después de conseguir su título de licenciada, Chirivella conseguía introducirse en el Colegio de Abogados de Valencia. Además, el Colegio no puso ningún tipo de inconveniente ni suscitó ninguna controversia, como sí había ocurrido tiempo atrás en países como Italia, Bélgica o Francia.

Cuando Chirivella y otras las mujeres de la época consiguieron ejercer la abogacía en España, la legislación les prohibía acceder a la judicatura o a la fiscalía. Esta ley esta ley exceptuó el ingreso de las mujeres en los tres ejércitos: la marina mercante, los institutos armados y los cargos de magistrados, jueces y fiscales en la Administración de Justicia. Mientras esta ordenanza se mantuvo vigente, la incorporación de las mujeres al poder judicial se retrasó hasta media década después, cuando la Ley 96/1966 del 28 de diciembre admitió su participación en las carreras judicial y fiscal y derogó el artículo de 961.

Dicha reforma justificó la anterior normativa aduciendo que aquella excepción de género respondió no a la idea de una falta de capacidad o responsabilidad de la mujer para ejercer tales cargos, sino a una protección de sus sentimientos ante determinadas actuaciones que el cumplimiento del cargo hacía ineludibles.

La historia de Chirivella, que como muchas tuvo salir forzosamente de su país, no deja de asombrarnos. Esta valenciana, nacida en 1894, era hija de un procurador de los tribunales que continuo con la tradición familiar. Estudiante de espléndidas calificaciones, cursó Filosofía y Letras, Magisterio y, posteriormente, Derecho y Ciencias Sociales.

Excelente estudiante, desde sus inicios en 1906 aprueba el examen de ingreso en el Instituto General y Técnico de Valencia, actual Instituto Luis Vives, terminando en 1910 sus estudios de bachiller con 11 sobresalientes, dos matrículas de honor y 4 notables. Se matricula entonces en la Facultad de Filosofía y Letras, sección de Historia, donde se titula el 12 de junio de 1915 con la calificación de sobresaliente, siendo la primera mujer titulada en Filosofía y Letras de la Universidad de Valencia. Compatibiliza estos estudios de Historia con los de Pedagogía en la Escuela Normal de Maestras en la calle de la Sangre de Valencia.

En 1918 inicia los estudios de Derecho en la Universidad de Murcia donde cursa dos años de la carrera finalizándola en la Universidad de Valencia.

Paga los derechos del título de licenciada en Derecho el 6 de diciembre de 1921 y el Colegio de Abogados oficia a la Audiencia a los efectos del oportuno juramento prescrito en el artículo 870 de la Ley Orgánica del poder judicial para poder ejercer como letrado a María de la Ascensión Chirivella Marín el 18 de enero de 1922, solicitud que había sido presentada el 21 de diciembre de 1921.

Esto es lo que contaba en un discurso celebrado el 15 de diciembre de 1935 en la Universidad Literaria de Valencia en relación con su ingreso en el Colegio: “Cuando quise colegiarme y hube de cumplir con el requisito de toma de posesión, se puso sobre la mesa de la Sala de Gobierno de la Audiencia de Valencia, si a esos efectos se me consideraba mujer o varón, y después de varios días de largas y delicadas meditaciones, en los cuales tuvo la Sala su conciencia entre los Evangelios y la Ley, se impuso el espíritu antifeminista del Código, y la Sala resolvió y me comunicó por medio del Fiscal, entonces de Su Majestad, que yo a los efectos profesionales, era varón. Renuncio a describiros la impresión que me hizo el descubrimiento; pero sé he de deciros por lo bajo, para que no salga de aquí, que los dos minutos que viví teatralmente, el papel de hombre sentía en lo íntimo de mi conciencia un sonrojo y asombro, por el milagro legal. Más tarde, aquel asombro que me asaltara al conocer la decisión de los sesudos varones, sagaces hermeneutas de la Ley, se troceo en comprensión. Era excesivamente nuevo el ejemplo y el espectáculo de la mujer irrumpiendo en las actividades de la vida.”

Ya licenciada y colegiada se incorpora al despacho de su padre y de su hermano Manuel, dedicado a la Procuraduría de los Tribunales, en el cual permanece hasta que se casa en 1926 con Álvaro Pascual-Leone Forner desempeñando temas de Derecho Civil.

La boda con Pascual-Leone sirve para dar un giro a su vida y enfoca esta hacia la política. Su esposo, natural de Vinaroz abogado como ella y con estrechos lazos de afinidad política dentro del Partido Radical Republicano, marca el futuro más reivindicativo de Ascensión, tan solo truncado durante unos pocos años por el nacimiento de su única hija Blanca en septiembre de 1929.

El Partido Radical daba mucha importancia a sus afiliados y a su formación cultural, de esta manera se entiende el trabajo de Chirivella en sus distintas apariciones públicas como la del 24 de febrero de 1932 en el Circulo Republicano, donde Ascensión desarrolla el tema “la Influencia de la mujer en la política actual”; la de abril de ese mismo año en un acto de la juventud Unión Republicana del distrito de la Misericordia; en junio en Castellón con la agrupación femenina radical de esa ciudad; también en ese mismo mes en un acto en Alcalá  junto a su marido, como ejemplos de su actividad política y de formación dentro del partido.

Pero el discurso que ha perdurado en el tiempo fue el ofrecido el día de la exaltación profesional un 15 de diciembre de 1935 en el Paraninfo de la Universidad Literaria siendo invitada por el Colegio de Abogados de Valencia. Así «La Mujer y la Abogacía» fue el título de su disertación, donde la defensa de la mujer en diversos aspectos fue el eje en el que gira su intervención, con un discurso de frases trascendentales llenas de ironía, tratara siempre la igualdad de mujer y hombre lejos de la confrontación. Este discurso fue impreso por acuerdo de la Junta de Gobierno del Colegio de Abogados el 26 de febrero de 1936. Como ejemplo algunos fragmentos de su discurso que así empezaba: “Señoras, Dignísimas Autoridades, Compañeros: Ha querido la Junta de Gobierno del Ilustre Colegio de Abogados de Valencia, que en la fiesta de exaltación profesional que celebra hoy, llevara yo la voz femenina; y socorrerme, siempre que he de alzarla al servicio de una ilusión, que caigo en un estado emocional tan intenso, que necesito poner en funciones todos los frenos de la voluntad, para que esta voz no se apague; y llega hoy al máximo esa vibración espiritual, por aquellas razones que diera D. Quijote al eclesiástico de casa los Duques: por el lugar en que me hallo y por las personas ante quienes hablo; pero a salvar esas circunstancias coercitivas, me anima y alienta, el enunciado del tema que acompaña al oficio de invitación, acerca del cual debo disertar y que por su sala constituye toda la disertación: “La Mujer y la Abogacía”.

Tras disertar, culta y brevemente, sobre el papel de la mujer en la cultura renacentista italiana, y en la Revolución Francesa, Ascensión Chirivella aborda el caso particular de la mujer en España en determinados aspectos. Se centró en destacar el acontecimiento que supuso que la mujer accediera a la Universidad, y, luego, particularmente a la abogacía. Reconoce la disertante, con toda sencillez y modestia, un dato que tal vez pudiera pasar desapercibido: “(…) que no traigo a esta tribuna más mérito que el de haber abierto las puertas de la Abogacía a la mujer española, por ser la primera que en España, ejerció la profesión”.

Bajo este contexto, y tras reflexionar con fina ironía sobre las “risas” -dice- que había provocado el acercamiento de la mujer a esta profesión jurídica, incluso algunos con “desdén”, Chirivella nos permite escudriñar su pensamiento en torno al papel que ha de desempeñar la mujer en la sociedad y desde la profesión misma. Ideas que vierte en el discurso, y que podríamos calificar de feminismo moderado igualitario, por cuanto no busca la confrontación hombre-mujer, sino que se limita a reclamar que “la mujer no es inferior al varón ni superior: es absolutamente distinta”.

Mujer y Abogacía: piensa Ascensión Chirivella que “la Abogacía es una actividad de ancha perspectiva para la mujer, pero no es pareja su misión a la del Abogado masculino”. En su consecuencia, “la mujer en la Abogacía ha de ser ante todo y sobre todo, mujer, sin mixtificaciones de forma ni de fondo”, y ello no lo han de olvidar nunca las mujeres abogadas, ni en las Universidades, bibliotecas, o en la propia sala de togas de cualquier tribunal de Justicia. Deben ser repudiados, y jamás aceptados por la mujer abogado, todos aquellos casos en los que “hallen repugnancia o repelan nuestros sentimientos”

La vida sigue y su activismo junto al de su marido empieza a pasar factura tras el alzamiento militar del 17 de junio de 1936. Álvaro Pascual-Leone, diputado en Cortes, permaneció siempre al lado del gobierno de la República, primero en Madrid, más tarde en Valencia y por último en Barcelona.

Retomando entonces el hilo de la exposición, cuando estalla la guerra civil española, propiciada por el alzamiento militar de 17 de julio de 1936, Ascensión Chirivella, y su hija Blanca, vivían en Valencia; y, su marido, en Madrid, dado que, por esas fechas, como sabemos, era diputado en Cortes, permaneciendo siempre al lado del gobierno de la República, primero en Madrid, luego en Valencia, y por último, en Barcelona.

Debido al conflicto bélico, Ascensión Chirivella hubo de peregrinar, con su hija, por varias poblaciones, donde los bombardeos no eran tan intensos, y donde era relativamente más fácil obtener alimentos. Así, estuvieron en Calpe, Finestrat, Tarrasa y Puigcerdà.
Como consecuencia de la entrada de las tropas franquistas en Cataluña, en enero de 1939, ambas mujeres pasaron a Francia, donde ya se reunieron con Álvaro Pascual, tras asistir éste a la última reunión de las Cortes republicanas, que se efectuó en Figueras.

En Francia, residieron en las localidades de Vernet des Bains, y, posteriormente, en la localidad portuaria de Le Havre. Después de este largo y tortuoso peregrinar, el 16 de mayo de 1939, embarcan en Saint Nazaire, en las bodegas del barco francés Flandre, con rumbo hacia México.

La familia Pascual-Chirivella, llega a Veracruz a 1 de junio de 1939, desde donde se trasladó Álvaro Pascual de inmediato al Distrito Federal a buscar trabajo, encontrándolo como vendedor de libros de una editorial de Derecho. Mientras, Ascensión e hija, permanecían en Veracruz por un tiempo, hasta su traslado a la capital de México.

Desde entonces, con una economía muy precaria, sobrevivieron hasta que, en 1947, Álvaro Pascual comenzó a trabajar como asesor jurídico en el Instituto Mexicano del Seguro Social, estando encargado de la Mesa de Amparos. Fallece en 1953.

Por los datos obtenidos Chirivella, no tuvo ninguna actividad profesional en México, ni siquiera registró su título académico para ejercer.

María Ascensión Chirivella Marín Moran fallecería el 9 de abril de 1980 tras sufrir un problema cerebral. Una desconocida para la mayoría de la Abogacía Española.

Este pequeño homenaje quiere mostrar cómo un doble exilio marca el olvido en los libros de historia de esta abogada, lo que las excluye, como a tantas otras mujeres, del campo de interés de la Abogacía lo que supuso el no reconocimiento de mujeres abogadas que a menudo vivieron a la sombra de sus compañeros varones. La recuperación de su legado supone la reconciliación con un pasado que permanece oculto y a cambio recibieron represión y silencio.

Sin la historia de las mujeres estaremos contando y recuperando la historia de la mitad de la sociedad.

Además de las intelectuales exiliadas, con la guerra, la mujer ocupó puestos de responsabilidad: trabajaba en las fábricas de armamento, en los hospitales, conducía tranvías, camiones, era aviadora, miliciana, organizaba conferencias y además, como siempre, cuidaba de los hijos y de los mayores. Su trabajo fue mucho más que un apoyo: fue algo decisivo para el funcionamiento de una guerra, que defendía las libertades ganadas a pulso en la República.

Y la guerra se perdió y más de medio millón de personas dejaron sus casas y tuvieron que emprender el camino a otros países -en el exilio-, pero el papel de las mujeres en los países lejanos continuo siendo además de todo cuidadoras y encargadas de las tareas de la familia. Todas ellas marcaron el camino hacia la igualdad en la sociedad y en la Administración de Justicia, que ahora estamos más cerca que nunca de conseguir.

Esta situación me trae a la memoria una pregunta que en la actualidad me formulo una compañera, respecto de una mujer abogada. ¿Esa Sra.es realmente feminista? ¿o se ha subido al tren, ya que últimamente ser feminista es lo políticamente correcto? Estas preguntas me dejaron pensando, tal vez ahora puedo tener unas respuestas más claras, para entender el esfuerzo de muchas feministas, el discurso de Chirivella obedeció a un momento histórico y que además, hay que situarse en ese contexto, recordemos que no es lo mismo por lo que lucharon las sufragistas, a lo que reivindica el feminismo hoy en día, habrá que analizar de que ola y en qué contexto ¿Quién da el carné de feminista? ¿Qué cargas ha tenido que pasar, para llegar a dónde está? ¿Qué costes? ¿Qué luchas?

Sin embargo, no se puede entender la historia contextualizando la actualidad, sino que habrá de retrotraerse aquel momento, analizar desde esa perspectiva y poder ponernos en los zapatos de estas mujeres.

Lo único que si tengo claro es que el feminismo actual (aprendiendo de las pioneras) tiene que ayudarnos a hacer posible aquella idea de Rosa Luxemburgo: crear un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres, debe ayudar en el reto de no instrumentalizar la diferencia para seguir perpetuando formas de desigualdad.

Vaya nuestro pequeño homenaje para todas las mujeres y en especial para estas pioneras que pusieron su grano – o su montaña- de arena en una lucha contra la desigualdad en un tiempo adverso y en un momento eminentemente masculino.

Continuará…

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