Estimado/a compañero/a y amigo/a:

Quiero comenzar por decirte algo que puede llegar a sorprender por obvio: no vivís en completa soledad.

Muchos han recorrido el camino que emprendes, y han llegado a entender la belleza y el sacrificio de la que seguro es la profesión más bonita del mundo.

Desde el principio, puedo asegurarte que no existe una profesión más apasionada y amante de su vocación que la Abogacía, pero esta verdad se estrellará una y otra vez con mil y un obstáculos, poniendo a prueba tu valor, tu tenacidad, y determinación.

Aún puedo recordar los inicios, trabajar más de diez horas, con el dudoso “pago” de un café (cuando era procedente, a veces ni siquiera eso)…. Eso sí, tampoco puedo olvidar la emoción de recibir un nuevo expediente. El momento en el que al recibir y escuchar al cliente te conviertes en su confesor.

Ese, precisamente ese momento, es el que traba el vínculo de confianza sagrado abogado-cliente, en el que deposita en tus manos el problema que le ahoga y del que no ve salida alguna.

Y luego, tras horas incontables de estudio, consulta y trabajo, no puedes dejar de saborear el instante en el que finalmente llega la satisfacción y la recompensa de la sonrisa y el afecto sincero de quien encuentra la luz al ver solucionado, gracias a tu compromiso y constancia, lo que ayer era un muro infranqueable.

Quiero pedirte que nunca des por perdida una causa, que nunca te amilanes ante ningún procedimiento, y que pidas ayuda cuando sea necesario. La nuestra es una profesión en la que no se tienen rivales, se tienen compañeros y compañeras. Olvida el pleito con el compañero/a en el mismo momento en que te quites la toga, estréchale la mano y ten la certeza de que lo volverás a encontrar, quizás enfrente, quizás la próxima vez a tu lado.

Nunca niegues tu ayuda a un compañero o compañera, y cuando la necesites, pídela tú mismo a tu Colegio, a la Agrupación o a CEAJ; todos los que pasaron por el problema al que hoy te enfrentas, tenderán la mano a quien lo necesita, esa y solo esa, debe ser la máxima que guíe el ejercicio, porque los clientes vienen y van, pero el compañerismo siempre permanece.

Por último, no olvides nunca que a lo largo de las vicisitudes del ejercicio encontrarás situaciones que puedan hacer entrar en conflicto tu ética y la Justicia, por muy duro que sea deberás luchar porque esta última perdure, pues con tu profesión debes velar con honor por ella, pues somos garantes de la Justicia. No en vano somos la única profesión que viene recogida en la Constitución, y no en una, sino hasta en cuatro ocasiones.

Vivid la abogacía ejercedla con honor, y sobre todo queremos daros la más afectuosa bienvenida a la profesión más dura y al mismo tiempo más bonita del mundo, pero recuerda, nunca caminaras en soledad.

 

TUS COMPAÑEROS Y COMPAÑERAS

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